I.M.L.
La Federación de Asociaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental de Castilla y León (Feafes CyL) congrega desde ayer en la capital ribereña a una veintena de voluntarios y trabajadores de las agrupaciones que trabajan con enfermos mentales y sus familias. En esta novena edición de sus jornadas regionales, el tema central es la intervención con grupos específicos de riesgo, poniendo un acento especial en aquellos que viven en el ámbito penitenciario y las personas sin hogar.
La incidencia de las enfermedades mentales, que se estima que afectan a un cuarto de la población en algún momento de su vida, es tan relevante como para tener en cuenta las lagunas existentes en el ámbito preventivo y asistencia. «Estamos hablando de que en Castilla y León hay 22.000 personas con un certificado de minusvalía por enfermedad mental, que es la segunda causa de minusvalía, sólo precedida de la discapacidad física», recordó Patricia Quintanilla, la coordinadora técnica de Feafes CyL.
Entre las personas sin hogar, estos porcentajes se mantienen. «Se calcula que una de cada cuatro personas que están en la calle son personas que padecen algún tipo de enfermedad mental, o bien por tener la enfermedad mental han terminado en la calle o bien por estar en la calle han desarrollado una enfermedad mental», explicó Quintanilla. Por ello, los programas de prevención son fundamentales para permitir a los indigentes volver a una vida normalizada.
Además, el papel de las asociaciones es fundamental para hacer de puente entre esta personas y el resto de la sociedad. «Lo que más nos importa no es llevar un control sino que ellos tengan la facilidad de poder acercarse a las asociaciones si así lo requieren, que sepan que tienen un lugar al que ir, poder hablar con los trabajadores sociales, con los psicólogos e intentar que se tomen su medicación y sigan un tratamiento adecuado», resumió la coordinadora técnica de Feafes CyL.
En cuanto a los enfermos mentales en el ámbito penitenciario, reivindican una atención específica para ellos. «Dentro del ámbito penitenciario no hay programas especiales para personas con enfermedad mental, si nos damos cuenta de que hay muchas personas que tienen enfermedad mental y dentro de sus crisis han cometido algún delito y están en la cárcel, pero en una cárcel normalizada para todos, sin una atención específica lo que puede ser una bomba», recordó Patricia Quintanilla, a modo de petición a la autoridades penitenciarias.